248 personas sufren procesos judiciales en su
contra por delitos de carácter político. La lista no se detendrá
allí y alcanzará a unas 800 personas en los próximos meses.
FRANCISCO OLIVARES
EL UNIVERSAL
El Gobierno no baja la guardia en su propósito de reducir la
disidencia política. En la actualidad cerca de 248 personas están
siendo imputadas, solicitadas o investigadas por delitos de carácter
político por la Fiscalía General de la Repúplica. La larga lista
alcanza a militares, periodistas, banqueros, gente de la sociedad
civil, sindicalistas, dirigentes políticos y miembros de
organizaciones no gubernamentales.
A juicio del abogado penalista Carlos Bastidas, quien se ha
destacado como defensor en muchos de estos casos, la lista de
imputados alcanzará a unas 800 personas en los próximos meses. Para
el penalista estos hechos no tienen precedente en los años de
democracia que ha vivido el país; sostiene que si se suman todos los
procesos políticos reales que se abrieron desde 1958 hasta 1999, la
sumatoria de todo eso no llega ni a la mitad de las personas que
están actualmente imputadas o procesadas por motivos políticos y los
procesos que están por abrirse.
Sólo en el caso de los firmantes del decreto de Pedro Carmona
estamos hablando de 359 personas. En el caso de la sentencia del TSJ,
que revocó la decisión del 14 de agosto de 2002 sobre los sucesos
del 11 de abril, que sobreseyó la causa contra 4 altos oficiales por
rebelión, allí no sólo serán nuevamente imputados los cuatro altos
oficiales, sino que la intención del Gobierno es de llevar al
banquillo a unos 200 militares que se pronunciaron sobre los
mencionados sucesos.
Con la reactivación del caso de los presos políticos del Táchira,
los acusados pueden llegar a 50 personas más. A eso se le agrega la
Gente del Petróleo, el caso de los paramilitares con 106 imputados, Súmate,
las personas detenidas por las llamadas guarimbas, en general estamos
hablando de más de 800 personas que están siendo procesadas,
imputadas, condenadas o en camino a ser juzgadas.
Entre esos casos, que el penalista llama de conciencia, recuerda
el del general Francisco Usón, que es la única persona, después de
Galileo Galilei, que es condenada por opinar acerca de cómo funciona
algo.
En el caso del Táchira hay una condena contra 8 personas, pero
paralelamente el Ministerio Público está reactivando otra
investigación contra personas que ellos consideran que son
corresponsables de esos sucesos, entre los cuales están militares,
tanto activos como retirados. Es decir que estamos viendo que las
listas se están incrementando, incluyendo personas que ya fueron
procesadas, como el general Carlos Alfonso Martínez, que van a ser
nuevamente investigadas. Leopoldo López está imputado por los hechos
de la Plaza Altamira y su padre, Leopoldo López, por el decreto de
Carmona.
Sin reconciliación
Para Bastidas, lejos de lo que ha sido la costumbre en la historia
democrática de Venezuela, cuando el escenario político ya está en términos
de moderación, lo que viene normalmente es una política de distensión
y de perdón. Si en Venezuela se hubiese aplicado en el año 1993 la
justicia con el rigor que la aplica hoy el Gobierno actual, Chávez no
sería presidente, habría salido para el 2021, pero de Yare. Siendo
que eran personas que estaban presas por motivos políticos pero que
utilizaron un medio equivocado para acceder al poder que no era el que
las circustancias aconsejaban, hubo muertos, hubo hechos violentos,
hubo tropas que fueron engañadas literalmente, pero en el fondo había
un matiz político, lo que se llama delitos de conciencia. Las
circustancias en ese momento aconsejaban borrón y cuenta nueva y de
perdón como en efecto ocurrió. Hoy en día estamos muy distantes de
eso.
Como ejemplo de tal ensañamiento, Bastidas expone el caso del
general Felipe Rodríguez, el cual no se diferencia en nada de los
presos de Pérez Jiménez o los presos de Juan Vicente Gómez, quien
en la DIM permanecía con una luz encendida día y noche, cosa que a
la Defensoría del Pueblo le pareció normal. Por ello cuando se
intenta normalizar las relaciones con Estados Unidos se le exigen tres
condiciones: libertad de expresión, autonomía del poder judicial y
respeto por los derechos humanos.
La sentencia del TSJ
Uno de los instrumentos que ha utilizado el Gobierno para reabrir los
casos del 11 de abril ha sido la sentencia que dictó la Sala
Constitucional, que revocó la dictada por la Sala Plena el 14 de
agosto de 2002, cuando acordó sobreseer la causa contra 4 altos
oficiales. Para Carlos Bastidas no es una sentencia basada en
argumentos jurídicos sino que obedece a un capricho político del
Presidente; es decir, el 11 de abril del año 2002 hubo una serie de
oficiales, una gran parte del generalato y el almirantazgo, de cerca
de 80% de la alta oficialidad que desconocieron la autoridad del
presidente Hugo Chávez ante los sucesos del centro de Caracas, a los
que posteriormente el máximo jerarca de la institución militar, el
general Lucas Rincón, hizo referencia cuando dijo que los lamentables
y deplorables hechos del día anterior no se podían pasar por alto.
Antes que Rincón hiciera esa declaración y anunciara la renuncia del
Presidente, la alta oficialidad ya había mostrado su malestar por lo
que ocurrió en las inmediaciones del Palacio de Miraflores y con el
intento del Presidente de ordenar que los tanques del Batallón Ayala
se desplazaran a las inmediaciones de Miraflores y repelieran la
manifestación que se dirigía hacia allí.
A raíz de eso se inició una purga gigantesca en la FAN, la
cual comenzó por tratar de enjuiciar por rebelión al VA Héctor Ramírez
Pérez, al general Efraín Vásquez Velasco, al general Pedro Pereira
y al contralmirante Danielle Comisso.
En ese entonces, el Fiscal General, Isaías Rodríguez,
introdujo una acusación, la cual fue desestimada por el TSJ, no
porque considerara que en Venezuela hubo o no hubo un golpe de Estado,
sino porque estimó que no había elementos que comprobaran el
supuesto delito de rebelión militar. Esa decisión fue adoptada por
una mayoría de 11 magistrados contra 8 que votaron en contra de la
ponencia del magistrado Nelson Arriechi. Tres años después, el
Gobierno ya tenía su ajedrez compuesto en el TSJ, es decir cuando se
produjo el reacomodo necesario, porque con los magistrados que estaban
anteriormente la aritmética no les daba para que revisaran la
sentencia. El momento oportuno llegó cuando entraron en función
los siete nuevos magistrados de la Sala Constitucional, quienes
revisaron una decisión lo que, de conformidad con nuestro sistema
judicial, era absolutamente irrealizable.
Politización de la justicia
El último informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
alerta sobre la politización de la justicia en Venezuela y entre los
aspectos que más destaca está el referido al control de fiscales y
jueces dada su condición de provisionalidad, lo cual `perjudica
seriamente el derecho de la ciudadanía a una adecuada administración
de justicia. Asimismo incide en forma negativa sobre los derechos de
los magistrados y fiscales a la estabilidad en los cargos y en
concecuencia la garantía de su independencia y autonomía´.
El informe de Provea de 2004 refiere que, durante ese año, 111
personas civiles fueron llevadas a juicio ante los tribunales
militares. Esa práctica, basada en un decreto, es contraria a lo
establecido tanto en la Constitución bolivariana como la
jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la
OEA.
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