Asdrúbal Aguiar // El pequeño secretario
El nuevo secretario ha decidido escribir su historia dentro de la OEA con
"s" minúscula
La Corte Interamericana, en sentencia algo reciente, dio cuenta del axioma
que sirve de columna al Derecho internacional de la democracia. Se lee así:
"Existe... una coincidencia en los diferentes sistemas regionales de
protección a los derechos humanos y en el universal, en cuanto al papel
esencial que juega la libertad de expresión en la consolidación y dinámica
de una sociedad democrática. Sin una efectiva libertad de expresión,
materializada en todos sus términos, la democracia se desvanece, el
pluralismo y la tolerancia empiezan a quebrantarse, los mecanismos de
control y denuncia ciudadana se empiezan a tornar inoperantes y, en
definitiva, se empieza a crear el campo fértil para que sistemas
autoritarios se arraiguen en la sociedad".
El traslado de la cita no tiene propósitos especulativos. Destaca por
contraste, eso sí, el daño irrogado al Sistema Interamericano, a sus
fundamentos históricos y a su razón de ser, por la última Asamblea de la
OEA
en Panamá, que concluyó sin debatir el cierre de RCTV: cuya señal y
bienes
confiscó nuestro dictador para sumarla a su culto, en fraude abierto de la
ley y manipulándola con ayuda de sus áulicos en el Supremo Tribunal.
La circunstancia se revela más desdorosa cuanto que, en paralelo, ante los
enmudecidos gobiernos americanos esta suerte de "gaucho malo"
también
secuestró la función legislativa para ejercerla por decreto, de espaldas a
la Constitución y contando otra vez con los jueces que le sirven y a
quienes
controla. La Presidenta del TSJ, cabe recordarlo, sin desprenderse de su
función judicial ejerce como secretaria del dictador para la reforma que
afirmará la dictadura y le dará su rango constitucional.
La señalada omisión de la OEA revela no solo hipocresía, que es mucha la
que
ya medra en su seno por motivos pecuniarios - el dinero que le aporta a
varios de sus gobiernos miembros el negocio petrolero venezolano - y que la
ha llevado al aplazamiento de los principios. Muestra, mejor y con crudeza,
su grave falencia de conducción.
Las organizaciones internacionales de ordinario no son distintas en su
comportamiento al comportamiento de los Estados que las forman; que en el
caso de la OEA y en una mirada rápida sobre su geografía, con las
excepciones del caso, no es que éstos sean un reservorio ético y de
virtudes
democráticas.
Pero de tanto en tanto, con todo y sus deficiencias y a despecho de uno que
otro gobernante de turno autoritario o corrupto, las cabezas visibles de
tales organismos, sus Secretarios, cuando brillan con luz propia y
conciencia de sus elevadas responsabilidades logran salvarlos del tremedal,
incluso en los momentos menos favorables.
Tales funcionarios han hecho historia en las Naciones Unidas, en la Unión
Europea, en distintas entidades de cooperación y desarrollo, y en la propia
OEA, por haber desempeñado sus secretarías con "S" mayúscula.
Cuando César Gaviria asumió la Secretaría de la OEA, previamente se había
hecho de un plan para el fortalecimiento de las democracias y la salvaguarda
de los derechos humanos en el Continente. Aspiraba relanzar la institución
en consonancia con sus propósitos remotos -situados en el Congreso
Anfictiónico de Panamá- y aquellos desarrollados luego bajo inspiración
de
la Carta de Bogotá de 1948.
Concluía su mandato como Presidente de Colombia, lo que de suyo le permitió
alcanzar perfil propio y un trato no subalterno frente a los presidentes de
las Américas o sus emisarios en el Consejo de la OEA. Ni les temía ni los
ofendía.
Sea cual fuere el juicio que se tenga de su gestión, como legado y
acumulado
de las tendencias desprendidas desde 1959: cuando nace la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos y también es adoptada la primera
Declaración de Santiago sobre los elementos de la democracia y de su
ejercicio efectivo, durante ella y por aclamación nació la Carta Democrática
Interamericana. Nada menos.
No es esta la circunstancia corriente, empero, bajo el mandato del nuevo
secretario, quien ha decidido escribir su historia dentro de la OEA con
"s"
minúscula y a costa de la democracia en el hemisferio.
El camarero del Presidente Lula, Marco Aurelio García - ¿acaso amigo de
este
"secretario" desde cuando se exilara en Chile y junto a él
militara en la
izquierda radical que sembró la caída de Allende? - ha confesado ahora,
para
solaz del dictador y de su grosero atropello a la libertad de expresión de
los venezolanos, que "Insulza es secretario, por los votos de Brasil y
de
Venezuela".
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Werner Karl Heisenberg