El Nacional - Miércoles 14 de Septiembre de 2005 A/6
 
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Política

Presuntos paramilitares afirman haber sido torturados en la Disip

  ELIZABETH NÚÑEZ


“Con palos, garrotes, bolsa con gas y electricidad” denunció haber sido torturado en la sede de la Dirección de Inteligencia y Prevención Policial (Disip), el colombiano José Ayala Amado, luego de que fuera capturado en las cercanías de la finca Daktari, en el Hatillo, el 9 de mayo de 2004.

Ayala pertenece al grupo de 16 ciudadanos colombianos que aceptaron declarar a cambio de beneficios procesales, como informantes arrepentidos, en el juicio que sigue el Tribunal Militar 1º de Juicio por el caso de los presuntos paramilitares.

El testigo dijo tener más de 20 cicatrices que demuestran los maltratos y asegura que su condición era evidente, tanto para el fiscal militar de entonces, coronel Eladio Aponte Aponte, como para los demás funcionarios del Ministerio Público Militar y el defensor público, teniente Jaime Marcano Querales. Incluso afirmó que no le permitieron visitas médicas y que el cónsul de Colombia le habría dicho: “Si usted no tiene a quien quejarse, mucho menos yo.

Aguántese hermano”.

Los abogados de la defensa manifestaron su malestar frente a la ausencia de una investigación por parte de la fiscalía. Alonso Medina Roa, defensor de algunos de los oficiales venezolanos imputados, solicitó se oficie a la Fiscalía Militar y a la Fiscalía General de la República, para que se solicite información sobre el caso y se refieran las actas sobre lo que consideró la “conducta aberrante de ciertos efectivos” y una violación a los derechos humanos.

Ayala, quien dijo ser reservista colombiano, indicó que al momento de su captura estaba armado con una pistola 9 milímetros que en un principio se negó a entregar a los funcionarios de la Disip, pues temía ser asesinado. Su labor en la finca era encargarse de uno de los dos grupos en los que estaban divididos los presuntos paramilitares.

José Feliciano Yépez Álvarez, el último de los informantes arrepentidos, encargado de cocinar en la finca, también refirió que en la Disip lo “levantaron a patadas” y le fracturaron tres costillas. Yépez, quien ha sido señalado por la presunta comisión de un homicidio en la finca, no le dijo a nadie sobre los maltratos.

El colombiano se acogió al “precepto constitucional” y no negó ni confirmó haber cometido delito alguno, ni haber degollado a un venezolano, ni si Robert Alonso –propietario de la finca– ordenó matar a alguien.